Primeros auxilios psicológicos: qué hacer en las primeras 24 horas de una crisis emocional

23 de septiembre de 2026
Persona brindando apoyo emocional al tomar la mano de otra durante una crisis.

“Las personas generalmente evolucionan mejor si se sienten seguras, conectadas a los demás, tranquilas y con esperanza.” 

Organización Mundial de la Salud


Si llegaste aquí después de una noticia que lo cambió todo hace una hora, o porque alguien a quien quieres está desbordado y no sabes qué hacer, esto es lo que necesitas saber primero.


Si hay riesgo inmediato para la vida o la integridad de alguien —una lesión grave, pérdida de conciencia, intoxicación, o la intención expresa de hacerse daño ahora—, llama al 911. El resto de este texto puede esperar unos minutos.


Fuera de esos casos, la prioridad de las próximas horas no es entender lo que pasó, ni superarlo, ni sentirse mejor. Es mucho más modesta: recuperar algo de seguridad, algo de orientación y algo de compañía. Eso basta para atravesar el día de hoy.


Qué son los primeros auxilios psicológicos

Los primeros auxilios psicológicos son una forma de ayuda humana, práctica y respetuosa que se ofrece a alguien que acaba de vivir un acontecimiento muy angustiante. No requieren formación clínica. Los puede dar un familiar, un amigo, un vecino o un compañero de trabajo.


Según la guía sobre primera ayuda psicológica de la Organización Mundial de la Salud, consisten en ofrecer apoyo práctico sin invadir, atender necesidades básicas como agua, alimento o información, escuchar sin presionar a nadie a hablar, ayudar a que la persona se sienta un poco más tranquila, conectarla con servicios y con su gente, y protegerla de daños adicionales.


La guía resume la actuación en tres verbos: observar, escuchar y conectar.


Para qué no sirven

Conviene ser explícito, porque aquí se concentran la mayoría de los errores bienintencionados. Los primeros auxilios psicológicos no son psicoterapia. No buscan que la persona deje de sentir lo que siente. No pretenden que procese el trauma en caliente, ni que acepte lo ocurrido, ni que cierre nada. Tampoco consisten en pedirle que analice lo que le pasó o que ordene los hechos en secuencia.


Nada de eso corresponde a las primeras horas. Corresponde a un proceso mucho más largo, y en algunos casos a un acompañamiento profesional.

Los primeros minutos: seguridad, cuerpo y compañía

Cuatro cosas, en este orden.


Seguridad física. Que la persona no esté en un lugar peligroso. Alejarla de la vía, del tráfico, de una escena difícil de sostener, del grupo que se aglomera.


Descartar una emergencia médica. Una crisis emocional y un problema médico pueden verse parecidos desde afuera. Dolor en el pecho, dificultad real para respirar, desorientación marcada, somnolencia inusual o una caída no deben atribuirse automáticamente a los nervios. Ante la duda, valoración médica.


Reducir estímulos, cuando se pueda. Un lugar más tranquilo, menos gente alrededor, menos ruido, menos pantallas. Que nadie la grabe ni la interrogue.


Compañía. Quedarse cerca. No hace falta hablar.


También ayuda ofrecer algo concreto y pequeño: un vaso de agua, una silla, una chamarra. En una situación donde nada está bajo control, las cosas materiales y sencillas devuelven algo de suelo.


¿Está bien dejar sola a la persona?

Depende de dos cosas: si ella lo pide y si hay riesgo.


Que alguien quiera estar un rato en silencio, salir a caminar o encerrarse en un cuarto no es una señal de alarma en sí misma. Hay personas que se recomponen mejor con algo de espacio, y respetar eso también es cuidado.


Lo que no conviene es dejar sola a una persona con reacciones muy severas: alguien que no responde a los demás, que no puede cuidarse a sí misma ni a sus hijos, que está profundamente desorientada, o que podría hacerse daño.


La guía de la OMS es clara en este punto: en esos casos hay que asegurarse de que no quede sola hasta que la reacción ceda o hasta conseguir ayuda.


Una fórmula intermedia que funciona: dar espacio sin desaparecer. Quedarse en la habitación de al lado, avisar que estás ahí, volver cada cierto rato.


¿Conviene hacer que hable de lo ocurrido?

No. Escuchar, siempre que quiera hablar. Presionar para que relate lo ocurrido, no.


Esta es probablemente la creencia más extendida y menos sustentada sobre las crisis: que soltarlo todo cuanto antes previene daños posteriores. La revisión sistemática Cochrane sobre debriefing psicológico, que analizó ensayos controlados de intervenciones de sesión única inmediatamente posteriores a eventos traumáticos, no encontró evidencia de que ese abordaje prevenga el estrés postraumático, y señaló indicios de que en algunos casos podría empeorar el cuadro. Sus autores recomendaron dejar de aplicarlo de forma obligatoria.


Por eso los organismos internacionales recomiendan hoy primeros auxilios psicológicos y no debriefing para quienes acaban de pasar por algo grave.


En la práctica: si la persona quiere contar, escucha sin interrumpir, sin corregir detalles y sin pedir precisiones. Si no quiere, no insistas. Puedes decirle que estás ahí si en algún momento le nace hablar, y quedarte. El silencio compartido acompaña.


Una excepción práctica: si hay trámites, autoridades o personal médico que necesiten información, encárgate tú de esas preguntas siempre que sea posible, para que ella no tenga que repetir los hechos una y otra vez.


Las siguientes horas: lo básico primero

Cuando pasa el primer impacto aparece una lista de cosas por resolver que puede sentirse aplastante. La tarea de quien acompaña es reducir esa lista, no ayudar a completarla.

Prioriza cuatro frentes:

·    Agua y algo de comida, aunque sea poco. El cuerpo en estado de alarma se agota más rápido.


·    Contacto con personas significativas. Ayudar a hacer las llamadas, o hacerlas tú si te lo pide.


·    Información concreta y honesta. Qué se sabe, qué no se sabe todavía, qué sigue. Sin adornos y sin promesas que no puedes sostener.


·    Ayuda práctica específica. No "cualquier cosa que necesites, me avisas", sino "yo recojo a los niños", "yo llevo la ropa", "yo hablo con la funeraria". Quien está en shock no tiene capacidad para administrar ofertas abiertas.


¿Puede tomar decisiones importantes?

Mejor no, si pueden esperar.


Después de un acontecimiento así es frecuente que la concentración, la memoria y la capacidad de sopesar opciones estén temporalmente afectadas. La guía de primeros auxilios psicológicos del National Child Traumatic Stress Network y el National Center for PTSD recomienda posponer cualquier cambio importante en el futuro inmediato, salvo que sea imprescindible.


Renunciar al trabajo, mudarse, vender algo, regalar pertenencias, cerrar cuentas, firmar acuerdos de largo plazo: casi todo eso tolera unos días o unas semanas. Lo que sí hay que resolver hoy —trámites hospitalarios, avisos, disposiciones inmediatas— conviene enfrentarlo acompañado y por escrito, anotando lo que se decide.


Sobre manejar: si hay aturdimiento, llanto intenso, dificultad para concentrarse o consumo de alcohol de por medio, es preferible que conduzca otra persona o pedir un taxi. No es una cuestión de fortaleza.


¿Qué pasa si no quiere comer ni beber nada?

Es común y, en las primeras horas, no es alarmante. Insistir suele generar más tensión que beneficio


Funciona mejor dejar cosas a la mano, en porciones pequeñas y sin ceremonia: agua, fruta, pan, algo caliente. Y priorizar la hidratación sobre la comida. Si pasan muchas horas sin líquidos, o si hay vómito, mareo o una condición médica de base —diabetes, por ejemplo—, conviene consultarlo con personal de salud.


La primera noche

La noche suele ser lo más difícil, porque se acaban las tareas y se acaba la gente.


Dormir poco o mal en la primera noche es habitual. No conviene tratarlo como un problema a resolver a toda costa. Lo que sí puede ayudar es acordar quién se queda, dejar una luz encendida si eso tranquiliza, tener el teléfono cargado y a la mano, y bajar el volumen de estímulos: menos noticias, menos grupos de mensajes, menos detalles nuevos del caso.


Un punto que conviene decir sin rodeos: el alcohol. Es la primera herramienta que muchas personas tienen a la mano y parece funcionar durante un rato. La guía citada arriba advierte que el consumo de alcohol, medicamentos no indicados u otras sustancias después de un evento crítico tiende a empeorar los síntomas a mediano plazo, porque interrumpe los ciclos de sueño y agrega problemas propios. Ofrecerle un trago a alguien para que se calme no es un favor.


Tampoco conviene dar medicamentos ajenos ni sin indicación médica, aunque a otra persona le hayan servido.


Qué puede hacer la propia persona en crisis

Si quien está atravesando esto eres tú, y si en este momento puedes sostener una lista corta, que sea esta:

·    No tienes que resolver nada hoy. Solo lo que no admite espera.

·    Acepta ayuda concreta. Si alguien ofrece algo específico, di que sí.

·    Avisa a una persona de confianza dónde estás y cómo localizarte.

·    Toma agua. Come algo pequeño cuando puedas.

·    Pospón lo que se pueda posponer. Anota lo demás para no cargarlo en la cabeza.

·    Evita el alcohol como forma de aguantar la noche.


Si aparece una sensación de irrealidad o de estar fuera de tu cuerpo, puede ayudar hacer contacto con lo que te rodea: sentir los pies en el piso, tocar un objeto y notar su temperatura, nombrar en voz alta tres cosas que ves y tres que escuchas. Respirar un poco más lento y más hondo también le sirve a algunas personas, aunque no funciona igual para todas y no es una solución a lo que pasó. Es solo una forma de bajar un escalón.

Y si no puedes hacer nada de esto, tampoco pasa nada. Nadie está evaluando cómo lo estás haciendo

.

Cómo acompañar a otra persona

Acompañar bien es, en buena medida, hacer menos de lo que uno querría hacer.


Acércate y pregunta. Si acepta, quédate. Si no, hazle saber que vas a estar cerca. Habla poco. Tolera los silencios, que suelen incomodar más a quien acompaña que a quien atraviesa la crisis. No corrijas lo que siente ni intentes ordenar sus emociones.


Ofrece tareas, no disponibilidad genérica. Ayuda a contactar a quien ella quiera que se entere, y a filtrar a quien no. Reduce el número de decisiones que llegan hasta ella. Si hay niños o niñas involucrados, ocúpate de que tengan a alguien estable cerca.


Frases que suelen ayudar

·    "¿Quieres que me quede contigo?"

·    "¿Hay alguien a quien quieras que le avisemos?"

·    "¿Qué necesitas resolver en la próxima hora? Del resto nos ocupamos después."

·    "¿Prefieres hablar o que me quede aquí sin más?"

·    "No sé qué decir, pero no me voy a ir."

·    "Yo me encargo de los trámites de mañana."


No son un guion. Son ejemplos del tipo de frase que no exige nada a cambio.


Frases que conviene evitar

"Cálmate". "Tienes que ser fuerte". "Échale ganas". "No pienses en eso". "Todo va a estar bien". "Todo pasa por algo". "Ya te tocaba descansar de eso". "Al menos no sufrió". "Peor están otros".


Casi todas nacen del cariño y del apuro por aliviar. El problema es que le piden a la persona que deje de sentir lo que está sintiendo, y eso aísla. Si quieres profundizar, hemos escrito antes sobre qué decir y qué evitar cuando alguien acaba de perder a un ser querido.


Qué reacciones pueden aparecer en las primeras horas

No todas las personas reaccionan igual, y ninguna reacción es obligatoria. Entre las respuestas descritas con más frecuencia después de un acontecimiento angustiante están la confusión, el miedo, el llanto, la dificultad para llorar, el enojo, la culpa, el entumecimiento emocional, la sensación de irrealidad, el sobresalto fácil, el cansancio, los problemas para dormir, la dificultad para concentrarse y para decidir, y síntomas físicos como dolor de cabeza, molestias digestivas o temblor.


Dos aclaraciones que suelen hacer falta:

No llorar no significa indiferencia. El entumecimiento emocional es una respuesta frecuente ante un impacto grande y no dice nada sobre cuánto quería la persona a quien perdió.


Parecer tranquila no significa necesariamente estar bien. Alguien puede firmar papeles, dar instrucciones y sostener conversaciones enteras mientras por dentro no está registrando casi nada.


Ninguna de estas reacciones, por sí sola, permite diagnosticar un trastorno. El estrés postraumático no se diagnostica en las primeras horas ni en los primeros días. Cuando la muerte fue repentina o violenta, el cuadro tiene particularidades propias que explicamos con más detalle en nuestro texto sobre el duelo por una muerte traumática. Y si quien está en crisis es un hijo adolescente, conviene saber que los adolescentes viven la pérdida de otra manera.


Qué no ayuda, aunque se haga con buena intención

·    Obligar a hablar, pedir detalles o repetir preguntas sobre lo ocurrido.

·    Presionar para que llore. Presionar para que deje de llorar.

·    Minimizar o comparar pérdidas.

·    Discutir si su reacción es proporcionada.

·    Dar explicaciones espirituales que nadie pidió.

·    Exigir decisiones inmediatas.

·    Saturar de información, opciones y visitas.

·    Decirle cómo debería sentirse.

·    Dar medicamentos ajenos o sin indicación médica.

·    Ofrecer alcohol para que se relaje.

·    Apurar a "superarlo" o "seguir adelante".

·    Dejarla sola cuando hay riesgo.


Cuándo buscar ayuda profesional

Buscar acompañamiento profesional no depende de que la reacción sea "muy grave". Depende de qué tanto está pudiendo sostenerse la persona.


Considera contactar a un profesional de salud mental si, en estas primeras horas y días, observas que no logra realizar tareas mínimas de autocuidado, que no puede ocuparse de quienes dependen de ella, que el malestar no cede en absoluto, que aumentó el consumo de alcohol o de otras sustancias, o que la persona misma lo pide. Las guías de primeros auxilios psicológicos sugieren además que, si las reacciones intensas persisten más allá de un mes y afectan el funcionamiento cotidiano, conviene una valoración especializada.


Si existía antes un problema de salud mental, un tratamiento en curso o consumo de sustancias, tiene sentido adelantar ese contacto en lugar de esperar.


Cuándo se trata de una emergencia

Llama al 911 o acude a un servicio de urgencias si aparece alguna de estas situaciones:

·    Intención o plan de hacerse daño o de quitarse la vida.

·    Conductas de autolesión.

·    Amenazas de agredir a otras personas.

·    Desorientación grave, incapacidad de reconocer dónde está o quién es.

·    Pérdida importante del contacto con la realidad.

·    Deterioro del nivel de conciencia, somnolencia profunda o dificultad para despertar a la persona.

·    Intoxicación por alcohol, medicamentos u otras sustancias.

·    Síntomas físicos que podrían corresponder a una emergencia médica: dolor torácico, dificultad real para respirar, debilidad en un lado del cuerpo, alteración del habla, convulsiones.

·    Cualquier situación en la que la persona no pueda mantenerse a salvo.


Una crisis emocional intensa, por sí sola, no es una emergencia psiquiátrica. Estas señales sí lo son.


Si la persona expresa que no quiere seguir viviendo

Tómalo en serio siempre, aunque parezca dicho al pasar.


Preguntar directamente no pone la idea en la cabeza de nadie. El National Institute of Mental Health señala que reconocer el tema y hablar de él puede reducir los pensamientos suicidas, y describe cinco pasos: preguntar de forma directa, estar presente y escuchar sin juzgar, ayudar a que la persona se mantenga a salvo reduciendo el acceso a medios con los que podría hacerse daño, conectarla con servicios de ayuda, y mantener el contacto después.


En concreto, esta noche: no la dejes sola, no prometas guardar el secreto, involucra a más personas de confianza y llama a una línea de atención en crisis. Si hay un plan concreto o una intención inmediata, llama al 911.


Dónde pedir apoyo en México y en la Ciudad de México

Todos estos servicios son gratuitos y no requieren afiliación:


·    Emergencias: 911. Para riesgo inmediato a la vida o la integridad de cualquier persona.

·    Línea de la Vida: 800 911 2000. Orientación telefónica en salud mental y consumo de sustancias de la Secretaría de Salud, a través de CONASAMA. Cobertura nacional, 24 horas, los 365 días del año.

·    SAPTEL: 55 5259 8121. Sistema Nacional de Apoyo, Consejo Psicológico e Intervención en Crisis por Teléfono. Intervención en crisis emocional, cobertura nacional, 24 horas.

·    *Servicio psicológico de Locatel: 0311 o 55 5658 1111. Atención psicológica por teléfono y por chat en la Ciudad de México, 24 horas, los 365 días del año.

·    Centros de Cuidado de las Emociones Vida Plena, Corazón Contento. Atención psicológica presencial gratuita en distintas alcaldías de la Ciudad de México, para personas a partir de los 6 años.

Si cuentas con seguridad social, el IMSS y el ISSSTE ofrecen servicios de salud mental a personas derechohabientes.


Después de las primeras 24 horas

Lo que viene después no sigue un calendario. No hay etapas obligatorias ni una velocidad correcta. Algunos días serán peores que el primero y eso no significa que algo vaya mal.


Lo que sí suele cambiar en los días siguientes es la compañía: el acompañamiento se concentra en las primeras horas y luego se retira justo cuando empieza a hacer más falta.



Nada de lo que ocurrió tiene que entenderse hoy. Durante las primeras horas la tarea es más pequeña y más humana que eso: estar a salvo, saber qué sigue, tener a alguien cerca y reconocer el momento en que hace falta pedir ayuda. Con eso alcanza para llegar a mañana. En Memorial San Ángel estamos contigo hasta el final.

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