Tu mascota también siente cambios: señales de estrés tras una pérdida y cómo ayudar

4 de octubre de 2026
Perro acompañado por una persona tras la pérdida de otro miembro del hogar

“Los animales de compañía pueden formar vínculos estrechos y mostrar cambios de comportamiento compatibles con el duelo cuando muere otra mascota del hogar.” 

—Cornell University College of Veterinary Medicine


Cuando alguien muere en una casa, no solo queda un lugar vacío para las personas. También cambian los horarios, los sonidos, los paseos, los momentos de descanso y las interacciones que formaban parte de la vida cotidiana de los animales que permanecen.


Tal vez tu perro empezó a recorrer habitaciones donde antes encontraba a su compañero. Quizá tu gato duerme más, come distinto o se acerca a ti con una frecuencia que antes no tenía. Si estos cambios comenzaron después de una muerte, es razonable preguntarse: ¿mi mascota también está sintiendo la pérdida?

La respuesta más precisa es que puede estar reaccionando a ella.


No sabemos si perros y gatos comprenden la muerte de la misma manera que una persona. Lo que sí sabemos es que establecen vínculos sociales y que algunos muestran cambios de comportamiento después de la desaparición de una persona o de otro animal con quien convivían. La UNAM, a través de una especialista de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, señala precisamente esta diferencia: aunque no podemos saber cómo comprenden lo sucedido, sí pueden percibir que alguien que formaba parte de su entorno ya no está.


¿Las mascotas pueden vivir un duelo?

La palabra duelo resulta útil para describir lo que observamos, pero necesita cierto cuidado cuando hablamos de animales.


En 2022, una investigación publicada en Scientific Reports estudió a 426 personas que habían convivido con al menos dos perros y habían perdido a uno de ellos. Los tutores reportaron cambios en el perro que permanecía en casa: jugaba menos, tenía menor actividad, dormía más, comía menos, buscaba más atención o mostraba mayor temor, entre otras conductas. Los cambios estuvieron relacionados especialmente con la calidad del vínculo que existía entre ambos animales.


Otro estudio, realizado con perros y gatos, encontró cambios en la búsqueda de atención, alimentación, sueño, vocalizaciones y uso de los espacios después de la muerte de otro animal del hogar.


Esto no demuestra que todos los animales experimenten el duelo de la misma manera ni permite saber exactamente qué sienten. Gran parte de la investigación disponible depende de lo que observan y reportan sus tutores, y esos reportes también pueden estar influidos por el propio duelo humano.


Lo que la evidencia permite afirmar con mayor seguridad es más sencillo: la pérdida de un individuo significativo puede ir acompañada de cambios conductuales en algunos animales.


¿Qué señales pueden aparecer después de una pérdida?

Más que buscar una señal específica de “tristeza”, conviene observar qué ha cambiado respecto al comportamiento habitual de tu mascota.


Puede disminuir su interés por jugar o pasear, dormir más o modificar sus horarios de descanso. Algunos animales comen menos; otros buscan más contacto con las personas de la casa o, por el contrario, se muestran más retraídos. También pueden aparecer vocalizaciones diferentes, inquietud o recorridos repetidos por los lugares donde solían encontrar a quien murió.


Un perro puede detenerse frente a una cama vacía. Un gato puede regresar varias veces al sitio donde descansaba otro animal. También es posible que no ocurra nada de esto.


La ausencia de cambios visibles no significa que el vínculo anterior fuera poco importante. No existe una única respuesta ante la pérdida.


La investigación realizada con perros ha encontrado, además, que la intensidad de algunos cambios parece relacionarse más con la calidad de la relación entre los animales que simplemente con el tiempo que habían vivido juntos.


No todo cambio después de una muerte es necesariamente duelo

Esta distinción es especialmente importante.


Si una mascota deja de comer, pierde peso, duerme mucho más, se esconde o deja de participar en actividades que antes disfrutaba justo después de una pérdida, resulta comprensible asociar una cosa con la otra.

Pero la coincidencia temporal no demuestra que la pérdida sea la única causa.


Un cambio de apetito o actividad también puede aparecer por dolor o enfermedad. Por eso, atribuir automáticamente cualquier modificación de conducta al estado emocional del animal puede retrasar una valoración veterinaria que necesita.


La American Veterinary Medical Association recuerda que los cambios en la conducta forman parte de la información que los tutores pueden aportar al equipo veterinario y que este también puede orientar sobre comportamiento, nutrición y otros aspectos del bienestar animal.


En otras palabras: la pérdida ofrece un contexto para entender el cambio, pero no sustituye una evaluación médica cuando algo preocupa.


¿Cómo ayudar a una mascota después de una pérdida?

En estos momentos puede aparecer el impulso de hacer grandes cambios para distraerla o “animarla”.


Generalmente resulta más útil empezar por algo mucho menos extraordinario: devolverle previsibilidad a su vida.

Mantén, en la medida de lo posible, sus horarios habituales de alimentación, paseo, juego y descanso. La casa ya cambió de una manera que el animal no eligió; conservar algunos puntos de referencia puede reducir cambios adicionales en su entorno.


También puedes ofrecerle compañía sin obligarlo a interactuar. Si busca estar cerca, permite ese contacto. Si necesita descansar o apartarse, dale espacio mientras continúas observando su conducta.


Las actividades que ya disfrutaba pueden seguir formando parte de sus días. Un paseo tranquilo, un momento de juego o recursos de enriquecimiento apropiados para su especie pueden ayudar a mantener actividad y estimulación, pero no necesitan convertirse en una estrategia para mantenerlo ocupado todo el tiempo.

Y hay algo más que suele pasar inadvertido: tu rutina también cambió.


Después de una muerte es posible levantarse a otra hora, suspender paseos, recibir más visitas, permanecer fuera de casa por trámites o modificar actividades cotidianas. Los animales conviven no solo con la ausencia, sino con toda esa reorganización.


Por eso acompañarlos no consiste necesariamente en eliminar cualquier señal de malestar. También significa ofrecerles un entorno suficientemente estable mientras todos en casa se adaptan a una nueva realidad.


¿Debe ver u oler al animal que murió?

Es una pregunta frecuente y no existe evidencia suficiente para convertir una respuesta en regla.


En un estudio sobre perros y gatos que habían perdido a otro animal del hogar, no se encontraron diferencias significativas en los cambios posteriores entre aquellos que habían visto el cuerpo y aquellos que no.


Por ello, no es necesario pensar que una mascota “necesita despedirse” de esa manera para comprender la ausencia ni sentir culpa si no tuvo esa oportunidad.


Si las circunstancias permiten que esté presente, la decisión puede valorarse considerando su temperamento, seguridad y contexto. Pero no hay evidencia que justifique forzar el encuentro como requisito para que pueda adaptarse después.


¿Cuánto puede durar este cambio?

No existe un calendario que pueda aplicarse a todos los animales.


Aunque algunos estudios han registrado cambios durante semanas o meses, la especialista consultada por la UNAM advierte que la investigación sobre el tema todavía es limitada y que no conviene tomar los plazos publicados como estándares rígidos.


En lugar de contar días, puede resultar más útil observar la trayectoria. ¿Poco a poco vuelve a interesarse por sus actividades? ¿Mantiene su alimentación? ¿Descansa? ¿Puede relacionarse con su entorno? ¿Los cambios disminuyen, permanecen igual o se intensifican?


Observar la evolución ofrece más información que intentar determinar cuándo “debería” haber terminado el proceso.


¿Cuándo es recomendable consultar al veterinario?

No necesitas esperar a que pase determinado número de semanas si algo en la conducta o la salud de tu mascota te preocupa.


Una valoración veterinaria es especialmente importante cuando deja de comer o beber adecuadamente, pierde peso, presenta vómito o diarrea, tiene dificultades para respirar o moverse, parece tener dolor, los cambios aparecen de forma brusca o intensa, o su comportamiento comienza a interferir de manera importante con sus actividades habituales.


En gatos, la falta de alimento merece particular atención. Una disminución importante del apetito no debería darse por sentada simplemente porque ocurrió después de una pérdida. VCA Animal Hospitals recomienda consultar al veterinario cuando una mascota no está comiendo bien para descartar primero causas físicas. Consulta la orientación veterinaria de VCA sobre mascotas después de una pérdida.


Cuando se han descartado problemas médicos y los cambios conductuales son intensos o persistentes, un médico veterinario con formación en comportamiento o etología clínica puede realizar una valoración más específica. La UNAM también recomienda recurrir a este tipo de atención especializada cuando las alteraciones se prolongan.


¿Conviene traer otra mascota para que no esté sola?

Incorporar inmediatamente otro animal no garantiza que el que permanece en casa se sienta mejor.

Un nuevo integrante implica olores, espacios, interacciones y rutinas diferentes. Para un animal que ya está adaptándose a un cambio importante, esto puede convertirse en otra modificación que procesar.


La decisión de adoptar debería considerar las necesidades y características del animal que permanece, pero también la disposición de las personas de la familia. Un nuevo perro o gato no ocupa el lugar del que murió ni necesita hacerlo.


Primero puede ser más útil recuperar cierta estabilidad y observar cómo evoluciona el animal antes de tomar una decisión permanente.

La pérdida también está ocurriendo para ti

Cuidar a una mascota que cambió después de una muerte puede resultar particularmente difícil porque probablemente tú también estés atravesando la ausencia.


Puede aparecer preocupación por no estar prestando suficiente atención, culpa por haber alterado sus rutinas o angustia al verla buscar a quien ya no está. No necesitas convertir ese momento en una tarea que debas resolver perfectamente.


Acompañar puede ser algo mucho más cotidiano: conservar sus cuidados básicos, observar, mantener cierta estabilidad y pedir orientación profesional cuando sea necesario.


La relación con un animal forma parte de la vida afectiva de muchas familias y, cuando alguien falta, esa red de relaciones también se reorganiza.


No sabemos exactamente cómo interpreta un perro o un gato la muerte. Tampoco necesitamos atribuir emociones humanas para reconocer algo más sencillo: su mundo cambió.


Estar atentos a esos cambios, respetar su manera particular de responder y cuidar su salud puede ser una forma suficiente —y profundamente concreta— de acompañarlo mientras encuentra una nueva rutina.

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